Por qué lo llaman amor

¿Cuánta es la dosis máxima de Valium?. Hoy voy a necesitarla.

Qué manía tiene la gente en casarse y encima hacernos pasar a los demás por ello. Como si no fueran bastantes las Navidades y los cumpleaños para aguantar a la familia y agregados con vestidos horrendos, lentejuelas descosidas, sin distinguir el dresscode entre cocktail y largo, con esos recogidos abominables y conversaciones de bajo nivel.

No sé si con tres Valium será suficiente. Mira que con cincuenta años, y sin sombras, querer casarse y de segundas, con el martirio que ya es la primera. Es evidente que el masoquismo va más allá de una parafilia sexual.

“Veinticinco años de diferencia no son nada”. Nada, ¿para quién?. El dineral que me he tenido que gastar esta semana en mesoterapia, hialurónico y botox parea mantenerme dignamente en la media y escapar del terrible “señora”, inevitable por otro lado, ya que todas las amigas de la novia deben estar aún en desarrollo, ajenas a la celulitis y la flacidez. Con esa edad en que consiguen que todo esté terso, duro, turgente, erguido, lo suyo y lo que no es suyo. Qué vulgaridad.

Sin apellido, sin posicionamiento familiar, sin negocios en USA, dentro del grupo profesional de cotización de mantenimiento y servicios generales.

Casarse por amor es de pobres.


No hay mal que mil años dure

Reconozco que estoy deseando que acabe el colegio. No veo la hora para que llegue el deseado 21 de Junio y acabe la tortura de salir con prisas de casa, con el pelo a medio planchar, con lo que me costó mi Ghd y sin que se me haya secado perfectamente la manicura.

No soporto más los festivales infantiles con sus cursilerías y ñoñadas de niñas con tutú, notas desafinadas al piano seguidas de inverosímiles aplausos por resignados abuelos, tíos, primos y demás familiares infatigables al efecto invernadero y ridículamente sentados en sillas de enanitos de blancanieves.

No aguanto las mil exposiciones de dibujos terribles, cerámicas y plastilinas varias de indescifrables formas que los padres alaban como si hubieran engendrado al nuevo Bernini.

Pero lo que más felicidad me produce de acabar el curso no es que mis cachorros vuelvan a casa, no, ellos van directos al campamento británico que estoy yo para tenerlos enredando por el salón ahora que he retomado el electrofitness para lucir el bikini brasileño en el club. No. Lo que más me hace feliz es que el chat de madres perfectas, naturistas, del club de la quinoa y firmes defensoras de la copa menstrual versus tampones ,se silencia. Por fin esas conversaciones interminables de piojos, liendreras, cremas de atopía, 213 notificaciones de invitación al cumpleaños de no sé qué crío el domingo a las 17.30 a pleno sol, el alguien tiene un disfraz de chulapo de la talla 6 para que me lo lleve mañana al cole y el temido momento en que a alguien se le ocurre eso de le hacemos un regalo a la profesora pero que no sea comprado, como si comprar fuera poco natural y de extrema derecha, que mejor lo hacen manual…todo eso, se acaba. RIP

Por fin mi IPhone 6 tendrá liberado todo el espacio que me merezco.

 


Madre no hay más que una

No se por qué se quejan tanto las madres, vamos, las madres de mi colegio, que supongo yo que serán como todas las madres, bueno como todas menos como yo.Yo no tengo ningún agobio, ni stress, ni sentimiento de culpa. Yo me levanto, me lavo la cara, me pongo mi sérum antiarrugas y me tomo mi café con sacarina y ¡lista!

Yo no les despierto, ya son mayores para despertarse solitos. Y si se lavan la cara bien y si no, también. Ningún niño se ha muerto por legañas en los ojos que yo sepa. Casi que prefiero que se despierten tarde, no soporto ponerme las medias con ellos en pie, siempre me alteran y me las rompo. Yo les abro persianas, les doy un besito de buenos días y a levantarse, porque en eso si que creo, mira, en lo del besito a mamá, por lo del apego de pequeños a la figura materna, que en el curso de gestión emocional para padres del Cole está lleno de madres con falta de afecto en la infancia, pobres!

Yo les dejo libertad, para que se autoafirmen, autoconfianza, autoestima, para que sean hombres, hombres de verdad, no de esos pegaditos a su mamá. Que luego pasa lo que pasa. Que son los niños de su mamá hasta los 40 años y más allá. Y eso lo paganos todas porque luego vas tú y te enamoras de su niño, te quedas embarazada y pasas de ser la chica ideal y educada a la rival. Tú que te ves como una leona súper ideal de pelaje castaño brillante con su cachorrito, tu suegra y tus cuñadas, que eso también da para otro monólogo…. y su hijito querido, o sea el padre te ven como…que nadie lo toque, que nadie lo duerma, que nadie le de comer…

Y miras al lado y ya no ves al hombre, al cómplice. Ves al macho. Y una de dos, o es macho dominante que nos defiende o como sea macho dominado por su madre tenemos un problema. Y admitámoslo señoras, tenemos un problema. O tu madre o yo. Porque la maternidad, nos guste o no, es una lucha de poder. Un deseo de poder que empezó a engendrarse cuando teníamos los ideales 30, con nuestros muslos prietos y te encontrabas montada encima de un macho preñador intentando absorber hasta la última gota apretando bien las piernas para que no se escape esa gotita final que seguro que tiene los espermatozoides buenos. Porque tú lo que quieres no es que te folle sino que te preñe. Eres una diosa creando vida y sientes como un animal, hueles como un animal, deseas como un animal y luchas como un animal. Leona.
¡Grrrrrrrrrrrr!

Pues es por eso, que yo les dejo “en libertad”. Que se quieren poner calzoncillos, bien, que no, también. Que se quieren poner las zapatillas esas asquerosas, pues que se las pongan. Y que más da. Como si van en pijama, allá ellos. Yo, fui al cole sin bragas… de pequeña.

Yo a las 8.22 cojo mis Rayban y salgo. El que esté en la puerta viene y el que no… también viene. No lo voy a dejar solo en casa, eso si que no, que la chica me cuesta un pastón y me lo desordenan todo. Y al cole oyendo Vaughan, que es importante hacer oído, el mío, que siendo mujer es todo aún más competitivo en el trabajo. Les dejo en la puerta del colegio y me voy a trabajar, con beso de despedida también, eso si, por reforzar ahí la autoestima, la mía. Y hasta las 5 que voy a por ellos.

Y ahí espero yo, tranquila con mis stilettos, destacando entre el resto, esas madres de todo tipo y condición a las que les une el chat de grupo de piojos, deberes, campamentos y de quien es este jersey que se quedó en clase de patines o de judo. Porque aquí todo el mundo hace una extraescolar o dos, o tres. Yo las miro, parecen de cuento, sonrientes, ideales, con sus bolsitas de merienda, ecológicas claro, tan poco humanas no como yo. Yo no soy así, ni tampoco como mi madre, capaz de verme a 20 metros, la micro mancha de tomate de los espaguetis del mediodía antes de darme un beso. No, yo no soy así.
Histéricas


Generosidad

Sentimos la necesidad de ayudar a los demás, de contarles nuestra experiencia y dar consejos.

Algunos han hecho de esta necesidad un modo de vida…Las redes sociales, twitter, se han convertido en excelentes púlpitos de frases sobre superación, entradas de blogs sobre el disfrute de los momentos de felicidad, del valor de la amistad, consejos sobre amar lo que tienes, el carpe diem…

Me pregunto si lo hacen por los demás o si lo hacen para ellos mismos… es ese el lado oscuro de la generosidad?


Aprendiendo

El tiempo es un buen maestro…

Aprendiendo. Jorge Luis Borges

“Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma,
y uno aprende que el amor no significa acostarse y una compañía no significa seguridad,
y uno empieza a aprender que los besos no son contratos,
y los regalos no son promesas,
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos,
y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes, y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor quema.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende, y con cada día uno aprende.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que solo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda su vida.

Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es sólo de almas grandes.
Con el tiempo aprendes que si has herido a tu amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.
Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con una persona es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado.

Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado incierto para hacer planes.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.

Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, ante una tumba, ya no tiene ningún sentido.

Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo.”


Barreras

Decía Jean-Jacques Rousseau que prefería ser un hombre de paradojas que un hombre de prejuicios.

El prejuicio es una actitud, un patrón de conducta, que implica convicción y resistencia al cambio, y las convicciones impiden aceptar refutaciones…

Me han hecho un regalo, un gran regalo. He podido disfrutar escuchando a una persona, de esas con las que te pasarías horas hablando. De esas de las que se aprende. Pablo Pineda.


Déjame

A nadie le gusta que le dejen.

Ante el abandono, hay tantos tipos de reacciones
como personas. Pero llegado el momento,
hay que despedirse y desearse lo mejor,
sin porqués.

Como suele decirse, el diablo está en los detalles.


Who am I?

En algún momento la vida nos recuerda quiénes somos.

Decía Cicerón que todas las cosas fingidas
caen como flores marchitas,
porque ninguna simulación
puede durar largo tiempo.


Espartanos

Algunos argumentan que es ahora, cuando las cosas están difíciles, cuando hay que luchar con fuerza.

¿Acaso existe otra forma de luchar?.

Hay quienes tienen un oficio y cuando las cosas se tuercen
sacan al guerrero.

Otros luchan siempre como viven, con pasión, como espartanos.


Dejarse llevar

Los hay que se dejan llevar siempre.
los hay que no se dejan nunca.
Cuando ocurre lo contrario
es por primera y única vez.


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